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22 de noviembre de 2011

Más sobre la cubanía de la rumba


De la cubanía de la rumba y de su incontestable popularidad en todas las capas sociales del pueblo cubano desde “la blusa obrera” hasta la “levita del burgués” y los “fracs”nos habla, cargado de disgusto, el poeta y dramaturgo cubano Gustavo Sánchez Galarraga, en una conferencia leída en el Ateneo de la Habana. Este es el fragmento más significativo:
Nuestras aficiones se concentran en la proyección cinematográfica y en la obra festiva, que, cuando es típica y tiene para remate danzón o ese baile antiestético y lascivo que llamamos rumba, colma nuestros gustos. Y esto lo mismo ha de entenderse con respecto al criollo que al "peninsular"; así por lo que toca al hijo del pueblo como al de la clase media o al aristócrata; que aquí, en materia de gustos culturales y artísticos, "todos somos unos" y una lastimosa igualdad nos nivela comúnmente, ¿Quién podrá negarme que a los sones de esa danza que antes cité con repulsión, se han congregado igualmente la blusa obrera y la levita del burgués con los fracs irreprochablemente negros y los escotes ebúrneamente blancos?
Cuba Contemporánea, Tomo X, Núm. 3, marzo de 1916.

13 de noviembre de 2011

La cubanía de la rumba

He aquí una pequeña muestra de lo que algunos cubanos pensaban de este aspecto. 
Lo único genuinamente cubano que podemos ostentar sigue siendo lo que nos “permitía” el Ministerio de Ultramar: el negrito, la mulata, la hamaca, el tabaco, la guajira, la rumba, el “chévere cantúa” y el pasmo de admiración y acatamiento por todo lo extranjero.
José Antonio Ramos. “Manual del perfecto fumanista”, Cuba Contemporánea, tomo IX, número 2, octubre de 1915.

6 de noviembre de 2011

La rumba cubana

Traemos hoy aquí un interesante suelto titulado "Iniciaciones", que ahonda en la naturaleza de la auténtica rumba cubana. Es de Federico García Sanchiz y se publicó en la revista Flirt el 3 de agosto de 1922. Dice así:
RUMBA CUBANA
Ha debutado en una importante capital de provincia una compañía de opereta, cuyo elenco pertenece casi exclusivamente a la zona tropical. Procede de la Habana. No tardará en presentarse en el madrileño coliseo de Apolo, entonces tendréis ocasión de admirar el fuego de las hembras mexicanas y cubanitas que figuran entre las artistas de esta famosa caravana.
Según leemos en los periódicos, uno de los mayores éxitos alcanzados hasta ahora por la «troupe» Velasco, ha sido la rumba. Atención. No os desilusionéis. De seguro acudió en seguida a vosotros el recuerdo de la Chelito. Y tributasteis un aplauso a la belleza de la «divette», y al mismo tiempo no comprendéis que la rumba pueda producir una borrachera enorme y profunda de los sentidos. Y es que Chelito baila una rumba adulterada, de cromo, como para el público de las tardes...
El típico baile habanero es muy otro. Tiene su remoto origen en un tango de negros africanos, es decir, es una pantomima casi animal, sobre motivos sexuales. El azucarado ambiente de la antigua colonia, y la malicia de ios blancos, prestó a los gestos y las contorsiones primitivos
un carácter terrible de lubricidad. De esa lubricidad sin palabras, que seca la garganta, que enciende los ojos, que une las gentes en depravadas complicidades y secretos del amor corrompido...
Nuestro baile flamenco es la llamarada, trémula, voraz y brillante. La rumba es el humo denso, retorcido con lentitud, y que agobia, de esa llamarada. Imaginaos una mulata de piel de bronce, con la boca de cabra, los ojos dormidos en indolencia carnal, recostados en los párpados, como en una hamaca; negra azulada la cabellera copiosa. Su cuerpo, redondeado y como hecho con pulpa de plátanos. Caricioso el hablar. Viste una bata blanca y lleva al cuello un alegre pañolito de seda. Imaginaos esa mulata, con sus aros de oro en las orejas que tienen la pelusa del melocotón, una tarde de sol, en el patio de una residencia clásica, con las paredes encaladas, y unas ventanas verdes; con una palmera y en un rincón un pajarraco de irisado plumaje; y arriba el azul que se derrite en luminosidad grasienta. Acaso pertenece el patio a una fábrica de tabacos, y huele el aire a las vegas celebérrimas. Silencio. Misterio transparente.
Y allá a lo lejos, se oye el canto de un negro que pasa con su carretón de frutos, la pina, el mamey, el aguacate, los mangos, chirimoyas...
No saben nada de la confluencia dramática de dos miradas, aquellos que se contentan con los guiños de las peripatéticas de «cabaret». Visión de algo supremo y tremendo, la que produce el choque de la mirada de la mulata con la vuestra. Ibais a decir algo, y permanecéis en un mutismo inexplicable. La sonrisa se apaga en vuestros labios. Y entonces, con pudor del impudor, insinuante y fugitiva, la hermosa bestia dorada se yergue y se desmaya, avanza su vientre, luego lo hurta al ataque vuestro, se retuerce, promete la felicidad, suspira, y así eterniza su simulacro, y acaba revelando un espasmo que nada podría contener...
Esa es la rumba, olorosa y cargada de calidad, rito del amor en las tierras de una exuberancia y una fecundidad fenomenales. Tan es así, que yo recuerdo un episodio imborrable y revelador de la comunión entre la gleba y sus cultivadores, hechos de esa gleba. El entierro de un negro ñáñigo por un camino. Escoltaban el ataúd tres o cuatro centenares de negros. Y los que llevaban la caja, y los que le seguían, todos, todos, reposada, solemnemente, entonaban y  bailaban una rumba, que fingía un oleaje. Con tal ceremonia, creían los ñáñigos conmover a la naturaleza, que iba a tragarse a su muerto.

31 de octubre de 2011

La rumba guagancó

Finalizado ese pequeño paréntesis que hemos dedicado a Mario Maya, volvemos a sumergirnos en el mundo de la rumba. Para ello, qué mejor que disfrutar con una versión que hunde sus raíces en su pasado africano. Véanla:

17 de octubre de 2011

Origen y nacimiento de la rumba

La rumba, una de las manifestaciones más representativas de la identidad cubana, es hija de la Yuba, una danza de fertilidad de origen bantú , que llegó a Cuba con los primeros esclavos negros . Abundan en ella, por tanto, los movimientos y gestos que aluden a ritos africanos, con insinuaciones de abierto carácter sexual —“explosión de lujuria bestial” la llamó Manuel Muzquez Blanco (Esfera, junio de 1929)—. Entre sus rasgos más característicos está la persecución que el hombre hace a la mujer, mientras esta coquetea con él, le sonsaca y finalmente se escabulle, se le escapa. Uno de los momentos cumbre de estos devaneos es el «vacunao» —un movimiento de pelvis que simboliza el acto sexual con el que el hombre marca la posesión de la mujer— y los balanceos de caderas, mientras el resto del cuerpo se mantiene prácticamente inmóvil. Se bailó en compás binario y a un ritmo muy vivo y en ella cristalizaron y se fundieron pasos y movimientos que tenían sabor a siglos.
La rumba, propiamente dicha, cobró vida, hacia finales del siglo XVIII, en los ambientes populares de Matanzas y La Habana, en las cuarterías y barracones de los negros que trabajaban el azúcar. Bastaba un recinto de medianas dimensiones y cuatro utensilios que pudieran hacer son para que se armara una buena rumba, una «rumba brava». El motivo era lo de menos. De ahí, cuando la esclavitud fue abolida, salió a la calle y fue protagonista de cualquier festejo popular. De ellos, los más populares eran las «fritas», que solían comenzar a media tarde y continuaban hasta que amanecía. En un suelto de la serie “La vida musical. Paisajes de Cuba” se describe con cierto detalle la composición de las orquestas o «estudiantinas» que las amenizaban. Dice así:
La "Clave de Oriente" se compone de dos "treses", o sean guitarritas de tres cuerdas metálicas, un poco más pequeñas que las habituales (el primer "tres" tocaba una guitarra china); un contrabajo, el tocador de claves, el tocador de maracas y el bongosero. Estos elementos existen en todas las demás "estudiantinas" de las "fritas"; pero generalmente reemplazan al bongosero, o tocador de bongó, por un tamborilero que, como el hombre de la percusión en el "jazz", tiene varios instrumentos ruidosos a su alcance, principalmente el cencerro. En algunas se añade un tocador de güiro; en otras, un tocador de marimba (de la auténtica marimba de lengüetas vibrantes), y casi la generalidad tiene un cornetín de pistón, siempre con sordina, la cual acentúa el instrumentista de un modo especial acercando más o menos su sombrero de paja.
“Paisajes de Cuba: el son en las «fritas»”, El Sol, 30 de julio de 1930.

13 de octubre de 2011

El término "Rumba"

Desde su nacimiento en la América africana, "rumba" era sinónimo de fiesta. Y esa es la primera acepción de ese término que recoge el Diccionario de la Real Academia. Otros son “francachela” y “parranda”. Veamos algunos ejemplos tomados de la prensa del novecientos:
    Frasquito es güen mozo,
Pero tiene mu mala caëza…..
    Frasquito se pasa
    Las noches en vela,
De rondeo, beleños y bailes
    Y de francachelas…..
Pero es pinturero, va siempre mudao,
Se echa a tós los días la ropa de fiesta.
    Toca la guitarra,
Canta coplas que él mesmo se inventa.
Rumba y gasta lo suyo y lo ajeno,
Tié la mano rola y tira su hacienda…..
Vicente Medina, “Aires murcianos”, La Ilustración Española y Americana, 8 de marzo de 1900, pág.13.

¡Pobre González!
¡Y qué mal le salían algunas calaveradas, y qué agrio recuerdo debe de guardar de la cruel burleta que Asunción y Marina le jugaron el año pasado... precisamente por este tiempo, en una noche de rumba y guitarreo...
Antonio Herrera, “De bureo”, Sicalíptico, 2 de junio de 1904, págs..4-5

El dinero recaudado debe procurar al Cuerpo entero de los Tolba una colosal fiesta o rumba, que dura varios días.
Luis Morote, “Las escuelas moras”, El Heraldo de Madrid, 13 de septiembre de 1907, pág.1.

Isabel.—¡Dichosos los ojos...! ¡Como vivimos en una continua rumba, ya no nos acordamos de los buenos amigos! ¿verdad, Manolo...?
Sergio Magdalena, “El perro del hortelano”, Diario Oficial de Avisos de Avisos de Madrid, 18 de mayo de 1909, pág.2.

Pasan a mi vera dos rodonas, que van de rumba, muy metiditas en verza con un chunguito.
Julio Cejador, “Excursión filológica”, El Imparcial, 16 de mayo de 1910, pág.3.

un borracho cortés que se había pasado a la intemperie una noche de rumba, las saludaba afable y circunspecto,
Manuel de Mendivil, “Jerez de la Frontera”, Alrededor del mundo, 8 de junio de 1910, pág.9.

9 de octubre de 2011

La rumba apasiona y escandaliza

A unos, la inmensa mayoría, la rumba divierte y apasiona; a otros, como siempre suele ocurrir, escandaliza. Joaquín Belda en la novela que titula La Coquito la llama “baile de perdición y de infierno” (Heraldo de Madrid, 23.10.1915). Hay quienes hablan, casi en tonos apocalípticos, de “la depauperación de la infancia madrileña al son de la rumba cubana” (Heraldo Deportivo, 5.2.1917) y ni que decir tiene que para los plumillas de La Lectura Dominical. Órgano del Apostolado de la Prensa la rumba era nada menos que “la hez de la hez” (14.11.1914). Desde luego, lo que no nos podíamos ni imaginar es que a alguien le pasase por la cabeza que la rumba tuviese antecedentes judaicos, que “hediese a judío”. Y vean lo que dice el suelto siguiente:
MÚSICA "NAZI"
Era fatal que ocurriera. Lo estábamos esperando y, naturalmente, no nos ha sorprendido. Los profesores alemanes de baile van a "nacionalizar" las danzas. El "jazzband" es, por lo visto, antigermánico; y el "fox", el "black-botton", la "rumba" y el "pericón" hieden a judío... Los "nazis" van a acabar con elIos. De su "razzia", según nos anuncian, no se va a salvar más que el vals vienés; y, eso porque Hitler es pangermanista y propugna el "Anschluss", que si no, tampoco, porque lo austríaco no es alemán.
Hay que decir que este afán de depuración lo habia ya demostrado la socialdemocracia. El alemán es idioma relativamente moderno, y faltaban en él muchas palabras para las que cualquier lengua latina tiene abundancia de sinónimos.
Hasta hace pocos años, los alemanes empleaban con frecuencia, no ya galicismos, sino palabras francesas admitidas literalmente. Decían "adieu", "au revoir" y "pardon", y hasta las aplicaban mal, como cuando llamaban "plumeau" (plumero) a una almohada o a un colchón de plumas. El mal era tan grave que la hedionda socialdemocracia tomó enérgicas medidas para remediarlo. Casi por decreto se mandó que se dijera "verzeiung" para pedir perdón, y "auf wiedersehen" para significar hasta la vista. Pero a lo de ahora no se había llegado jamás.
Gracias a los profesores de baile vamos a tener en Alemania música "nazi". Se acabaron las danzas americanas, la música negra, el danzón, la guitarra hawaiana. ¡Todos a bailar al compás de tres por cuatro! En el Reich no se transige más que con el violín y con el clavecímbalo. Lo demás es decadencia.
La medida hitleriana es muy oportuna, porque en cuanto se baile solamente el vals—aunque los más Importantes autores de operetas vienesas son húngaros o franceses—habrá trabajo para todos los obreros.
Pero, a pesar de esta seguridad, tengo una duda que sólo don Ramiro de Maeztu puede aclararme, ya que ayer demostró en "ABC" que Hitler sigue paso a paso la política de nuestra Isabel I. ¿Cuándo prohibió Isabel la Católica que se bailara el "charlestón" en ambas Castillas?
Arturo PERUCHO
El Imparcial, 25 de mayo de 1933.

5 de octubre de 2011

La rumba destrona al garrotín


La rumba desembarca en nuestros escenarios cuando está llegando a su fin la primera década del siglo XX. Se canta, se baila y la tocan las orquestas que amenizan todo tipo de bailes. Y causa auténtico furor. Tanto, que consigue lo que parecía imposible: destronar al hasta entonces todopoderoso garrotín. Casi de forma inmediata, como su antecesora,  se hace imprescindible en las partituras de las piezas teatrales. Vean con qué precisión refleja esa situación la viñeta que sigue, publicada en El Imparcial de 16 de febrero de 1913: